No permito que nadie me sirva, en ningún aspecto de mi vida;
ni siquiera cuando, por ejemplo, salgo a comer fuera de casa, cosa que casi nunca hago,
pues soy vegana y naturista. No dejo que nadie haga lo que a mí me corresponde hacer.
 












 


Si tuviera mucho dinero, jamás pagaría para que me sirvieran.
-"Dejas de dar trabajo"- podría decirme alguien.
No. Si tuviera mucho dinero, levantaría a los caídos.
-"Eso lo dices ahora, que no lo tienes. De lo contrario, la cosa sería diferente"- me diría otro.
Pues, si. A lo mejor... Pertenezco a la raza humana.
Se me revuelve el estómago con solo pensar que cambiaría completamente mi manera de pensar, si fuera poseedora del vil metal que anhela el mundo.
Pero la historia del hombre ha demostrado que la palabra dada
en tiempos difíciles, cambia en épocas provechosas.

No creo ser débil ni vulnerable, pero ¿y si lo soy?
Por eso, me resta agradecer a la vida el hecho de tener
sólo lo que tengo,
pues no quiero cambiar hacia la ideología que tanto critico.
Y con lo que tengo, que no es mucho,
hago todo lo que puedo por el que tiene menos suerte;
y entre las cosas que hago, jamás dejo que nadie me sirva.
Y cuando advierto que alguien sirve a otro que paga por ello,
de alguna manera me las arreglo para ayudarlo en ese servicio
que está prestando.