Por alguna razón, jamás he aprendido a relacionarme con la gente, tal y como ella lo hace.
 
Soy una gran oradora, sé manejar grupos humanos, y soy una gran líder. Sé que soy muy buena manejando la palabra, y tengo mucha experiencia en ello. Sin embargo soy muy tímida.
Parece contradictorio, y puede que lo sea; pero en mí, ambos aspectos son compatibles.
 
A pesar de haber llevado siempre el corazón por delante, nunca he sido, a pesar de mis intentos, como el común de la gente.
Eso no ha impedido ser querida; pero siempre, de manera diferente.
 
En el encuentro casual con los seres humanos, realmente no sé qué decir. Generalmente nada digo, pues el ser humano es ávido de hablar. Al intentar dar alguna respuesta, a modo de feedback, no suelo terminar la idea, por causa de la inevitable interrupción. Comprendo que aquella persona, aprovechando la casualidad del encuentro, anhela ponerme en la posición de una gran oreja, y entonces callo. Escucho, sonrío y me voy, sinceramente aburrida. Sólo hablo cuando soy requerida expresamente para ello, dada mi profesión. Sólo mis seres más cercanos saben cuán locuaz soy.
 
Gracias al mundo por disculpar mi silencio! Con el tiempo, he olvidado qué decir...